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EL PODER DE LOS AUSENTES
Se impone una nueva realidad: Colombia es país de emigrantes.
Por: Daniel Samper Pizano
Con ocasión del Referendo se inscribieron 178.62...
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El atentado contra el periodista Ricardo Calderón de la Revista Semana puso en evidencia la precariedad con la que se efectúa en Colombia el trabajo periodístico. |
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Mauricio Jaramillo-Jassir Politólogo Profesor de la Universidad del Rosario y de la Escuela Superior de Guerra, en Bogotá Colombia
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A su vez, anuncia uno de los temas de mayor complejidad en un eventual postconflicto como en el que se piensa con miras a un acuerdo de paz con las FARC. Se debe recordar que la actividad informativa en Colombia no ha sido fácil en las últimas décadas, especialmente por el conflicto que ha condicionado de manera patente la circulación de información. El fallido atentado revivió las peores épocas del periodismo colombiano, que alcanzaron un paroxismo con la muerte de Guillermo Cano. Una de las primeras hipótesis apunta a que el periodista fue atacado por su trabajo investigativo de las irregularidades en la cárcel de Tolemaida (cerca de la capital colombiana), aunque, valga anotar, que dicha versión no ha sido confirmada. El hecho pone de manifiesto tres retos que Colombia debe enfrentar en el mediano plazo. En primer lugar, cómo garantizar la actividad periodística cuando en el proceso de reconciliación urge la circulación de información al respecto. Claro está, los crímenes cometidos contra la prensa no son achacables al estado, pero éste debe procurar porque no ocurran. Esto supone un giro en la agenda de seguridad de Colombia, que durante años ha menospreciado la actividad informativa. En segundo lugar, muestra la dimensión de los retos que enfrenta una fiscalía politizada y cuya inefectividad en los últimos años la ha hecho objeto de críticas. Un carácter selectivo para aquellos casos que tienen visibilidad y donde la presencia del fiscal es notoria y otros donde dicha efectividad es ausente, son dos dinámicas insostenibles. El caso de Calderón no debe opacar la situación de decenas de reporteros que viven en la autocensura y en el temor. Y por último, el caso demuestra que aún subsisten sectores de la sociedad hostiles a la libertad informativa. Lo anterior supone un debate sobre la calidad y la pertinencia de la información en Colombia. El control de los medios en conglomerados económicos también traduce un control sobre dicha actividad nocivo para la democracia. En fin, éstas son al menos tres reflexiones que el caso suscita, pero deberían ser más. |
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Hace cincuenta años (1963) se originó lo que en la historia moderna se ha denominado como el “boom de la literatura´” en América Latina.
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Gonzalo Palau Rivas Economista Profesor de la Universidad del Rosario, Bogotá Colombia |
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Este fenómeno artístico, cargado de ingentes dosis de contenido político -dado el ambiente contestatario que se vivía en muchos países de la región- llevó a los umbrales de la fama a autores tan conocidos, como Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y el ilustre colombiano Gabriel García Márquez, para no mencionar sino a algunos de ellos. A esta circunstancia histórica hizo referencia el connotado profesor Sebastián Edwards en el marco del congreso de la FEDERACION INERAMERICANA DE ADMINISTRADORES DE FONDOS DE PENSIONES (FIAP) y su filial colombiana ASOFONDOS, recientemente celebrado en la ciudad de Cartagena. Para éste y otros reconocidos académicos, América Latina puede estar a las puertas de un nuevo “boom” sin echar a perder todo el prestigio ganado en el campo de la literatura. De ser realidad este escenario, los países latinoamericanos podrían recuperar en el campo económico y en el transcurso de los próximos cincuenta años (¡) parte o la totalidad del terreno perdido desde sus orígenes. América Latina tiene actualmente una población que es dos veces la población de los Estados Unidos pero su PIB total es menos de la mitad que el PIB norteamericano. La aparente ventaja comparativa en fuerza laboral potencial y en tamaño de mercado global no ha producido los resultados esperados. No sobra recordar que en los inicios de esta carrera hacia el desarrollo económico no hubo ventajas ni para unos ni para otros. A principios del siglo XIX, punto de partida de ese proceso, Norteamérica y A Latina tenían el mismo nivel de ingreso per capita. Con el transcurrir del tiempo se fue gestando una amplísima brecha con características de bola de nieve. ¿Por qué ocurrió esto? Abundante literatura existe y se ha escrito sobre las posibles causas de esta inocultable realidad, desfavorable para los descendientes de origen hispano-lusitano y ampliamente favorable para los descendientes de origen anglosajón. Otros autores modernos como Acemoglu y Robinson identifican como causa principal de las grandes diferencias, las diferencias a su vez en la calidad de las instituciones y como consecuencia de ello, su impacto desigual y perverso en la toma de decisiones de políticas públicas. Afortunadamente el mundo es cambiante y la historia no necesariamente se repite. Se está generando un consenso según el cual antes de que termine el siglo XXI el bloque de los países latinoamericanos podrá estar al mismo nivel de los países hoy llamados desarrollados. Las tasas de crecimiento actuales y las proyectadas a futuro, una mayor estabilidad política así como un mayor respeto a las reglas de juego –salvo el caso aberrante de Venezuela- son la semilla para este nuevo amanecer y explicación de esta visión optimista. Lo llamativo es que por esta buena senda transitan economías enmarcadas dentro de modelos políticos e ideológicos bien diferentes. Así como en una orilla uno puede ubicar a Colombia o a Chile y México, en la otra orilla –igualmente exitosos- se asoman Perú, Brasil y el mismo Ecuador. De México incluso, se pregona que podrá estar en el grupo de las diez más grandes potencias económicas superando con creces al Brasil a pesar de tener una población que es la mitad del gigante suramericano. Quieran los astros que estemos en presencia de una gran diversidad política -innegable a todas luces- pero al mismo tiempo muy enriquecedora y provechosa. Es deseable también que la crisis que afecta a Europa algún día empiece a desvanecerse y no eche por tierra con sus secuelas inevitables, el optimismo que se está generando de este lado del mundo. La cita es entonces para el 2063 a las cuatro de la tarde del día 22 de abril (los que puedan y no se les olvide). |
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Generalmente, cuando se negocia con terroristas, se presenta una especie de "síndrome de Estocolmo" implícito. |
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Vicente Torrijos Economista Profesor de la Universidad del Rosario, Bogotá Colombia |
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Como los terroristas suelen elegir a los miembros más destacados del Establecimiento ( por alcurnias, dinastías, delfinazgos ) para negociar sin correr el riesgo de que los acuerdos terminen siendo rechazados por la población, recurren a cantos de sirena con los que endulzan el oído de quienes, originalmente, eran verdaderos caballeros, dueños de honor intachable en la lucha contra el crimen. A sabiendas de que esos herederos del trono están poseídos por la obsesión de continuar y perfeccionar la obra ( siempre inconclusa ) de sus ancestros, a los maleantes les resulta sumamente fácil seducirlos con la idea de que se convertirán en los grandes pacificadores de la patria y que, al lograr el bien sublime de la paz, nadarán en ríos de gloria, sécula seculorum. Al atraerlos a la negociación y comprometerlos con un proceso, los criminales convierten a los gobernantes en rehenes porque, tarde o temprano, su suerte política queda en manos de lo que hagan o dejen de hacer los malhechores. Como por arte de magia, los adversarios de antaño pasan a ser los mejores aliados de los gobernantes y la necesidad de lograr un acuerdo que pueda exhibirse al mundo entero entre bombos y platillos supera cualquier expectativa y se convierte en la razón de ser de aquel que aspira a perpetuarse, ser premiado y recompensado con muchos años más gozando de las mieles del poder. Atenazados por la inercia del proceso, los herederos del trono se niegan a aceptar las evidencias y se declaran incapaces de dar marcha atrás, de tal modo que cualquier crítica constructiva destinada a abrirles los ojos se convierte en herejía y la sola posibilidad de cancelar las negociaciones pasa a ser sinónimo de sacrilegio. Presas de ese "síndrome de Estocolmo" del negociador, los gobernantes no sólo llegan al extremo de honrar al victimario y minimizar sus atentados sino que condenan a las víctimas y señalan a los demócratas opositores como "enemigos de la paz", "palos en la rueda", "zancadillas del proceso" y promotores de "ruido de sables". Paranoia, al fin y al cabo. Semántica del miedo, en todo caso. Enfermiza incapacidad de aceptar que cada día se hunden más y más en el mar de la permisividad, la impunidad y la complicidad que, tarde o temprano, los pueblos terminan rechazando con suficiente templanza y rectitud. |
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Gran expectativa existía en los medios académicos y en el seno del gobierno por conocer el dato definitivo del comportamiento de la economía colombiana en el período completo correspondiente al año 2012.
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Gonzalo Palau Rivas Economista Profesor de la Universidad del Rosario, Bogotá Colombia |
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Partiendo de una meta inicial del 6% de aumento en el PIB por parte del gobierno, la mayoría de los pronósticos oscilaban en torno al 3.5%, dependiendo como suele ocurrir en estos casos, del mayor grado de optimismo o de pesimismo con que se aborde este tipo de análisis. Pues bien, contrario a las expectativas de la mayoría de los entendidos, el DANE informó un crecimiento anual del 4%, dejando altamente sorprendidos aún a los más optimistas. Otro dato bastante sorpresivo y llamativo es el que tiene que ver con el crecimiento de la economía en el año anterior, o sea en el 2011. El dato preliminar era de un aumento en el PIB del 5.9%, muy cercano a esa meta ya comentada del 6%. Sin embargo, la revisión realizada por el DANE con información más amplia y detallada, demuestra ahora que la economía colombiana en el 2011 creció a una nada despreciable tasa del 6.6%, superando todas las previsiones al respecto. Aunque nadie pone en duda la calidad y la seriedad -metodológica y académicamente hablando- con que el DANE realiza sus investigaciones, no deja de generarse cierto escepticismo cuando los cambios observados entre la estimación preliminar y la definitiva vienen a ser tan amplios, siempre al alza y sobre todo, después de transcurrido cierto tiempo cuando ya todos los análisis y escrutinios se consideraban tema cerrado y superado. Volviendo al 2012, es inevitable mencionar lo escrito por el presidente Santos en su cuenta de twitter, al considerar lo ocurrido como “una buena noticia y calificar de aves de mal agüero a los analistas que ubicaban el crecimiento del PIB incluso por debajo del 3 por ciento”. Está por verse si de aquí a un año nos llegue la noticia de una fuerte revisión a lo hoy en día informado y publicitado. Al realizar un pequeño desglose se confirma una vez más que los motores de la economía colombiana son la minería y las actividades relacionadas con el sector financiero (bancos, compañías de seguros, intermediarios de valores). Estas dos crecieron 5.9% y 5.5% respectivamente, seguidas a su vez por el comercio (4.1%), comunicaciones (4.0%) y construcciones en general (3.6%). El gran lunar de toda la economía lo representa la industria manufacturera pues mostró un comportamiento negativo del 0.7%, confirmando los temores por muchos planteados acerca del tremendo impacto negativo que sobre la industria nacional pueda estar arrojando la persistente revaluación del peso colombiano y los efectos no deseados de la puesta en marcha de algunos de los principales tratados de libre comercio, empezando por el que con los Estados Unidos arrancó en forma en mayo del 2012. Se ha convertido casi que en un axioma observar como al liberar mercados –uno de los puntos fundamentales de cualquier tratado de esta naturaleza- se produce inicialmente un mayor efecto sobre las importaciones de afuera hacia adentro, que sobre las exportaciones de adentro hacia afuera. Este es tal vez uno de los mayores retos para el gobierno y para el sector productivo: poder revertir tal tendencia y reestablecer el equilibrio de ambos lados de la balanza. De todas formas, lo importante es resaltar es que cierta dosis de optimismo o positivismo era absolutamente necesaria. Los síntomas de desaceleración de la economía colombiana, por los choques externos negativos, eran cada vez más evidentes. Reconociendo esta realidad, la junta directiva del Banco de la República en su reunión del viernes 22 de marzo procedió a rebajar su tasa de intervención en 50 puntos básicos, al bajarla del 3.75% al 3.25%. El Banco Central en toda su historia de vida independiente (1992 a hoy) se ha caracteriza por el gradualismo y moderación en la toma de sus decisiones. Los cambios en la tasa de intervención cuando ocurrían hacia arriba o hacia abajo, eran normalmente de un cuarto de punto por vez. Lo ocurrido en este caso evidencia la preocupación de la autoridad monetaria sobre la senda de desaceleración que está recorriendo la economía colombiana, a pesar del relativo buen dato del 2012. El gerente del Banco explicó textualmente la medida de la siguiente manera: “la economía colombiana está creciendo por debajo de su potencial y probablemente operará en los próximos trimestres por debajo de su capacidad productiva”. Lo que ocurra en esos próximos trimestres dependerá en muy buena medida de las decisiones que emanen del seno de la “troika” europea, hoy con respecto a Chipre o Turquía o mañana con respecto a España o Italia. |
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Es casi seguro que Santos saldrá una y otra vez a decir que no. Que cómo se le ocurre, que es un adefesio, un atentado contra la democracia y que él jamás de los jamases secundaría una idea como esa, destinada a quebrar los cimientos de la convivencia y la gobernabilidad. |
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Vicente Torrijos Economista Profesor de la Universidad del Rosario, Bogotá Colombia |
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Pero nadie le creería. Y nadie le creería porque la iniciativa que Piedad Córdoba y sus asociados quieren echar a rodar en el Congreso para ampliar a seis años su gobierno le vendría como anillo al dedo. Como anillo al dedo para rematar su sueño de gran pacificador y cogobernar hegemónicamente al país mostrando como ministros, cónsules y senadores ( no elegidos por voto popular ) a los que, aún en contra de toda evidencia, para él serían intachables ciudadanos que dejaron las armas, renunciaron a la violencia y disolvieron su organización criminal. En un clima de impunidad arropado por el "marco legal de paz" y la amnistía ; con reparaciones cosméticas amparadas en el sofisma de que "víctimas somos todos", y con curules regaladas para el Congreso o la Constituyente mediante las anticuadas y vergonzantes "circunscripciones especiales de paz", Santos y las Farc refundarían el Estado pero no en cuatro, que son pocos, sino en seis añitos, que tampoco son tantos. Por supuesto, este autoritarismo hegemónico solo podría perfeccionarse suspendiendo también las elecciones al Congreso y ampliando el periodo del actual, una excelente golosina para que la maquinaria de la unanimidad nacional se comprometiera con el proyecto, siempre en aras de lograr el consabido "bien sublime de la paz". En resumen, el Presidente se liberaría como por arte de magia del déficit de popularidad que lo atormenta, de la posibilidad de perder la reelección frente a un candidato que aglutinara a las corrientes mayoritarias de opinión y, como si fuera poco, podría respirar tranquilo al no tener que lidiar con un Congreso adverso, dominado por las corrientes mayoritarias de opinión. En resumen, Santos seguirá diciendo que no, que él no puede apoyar una idea anticonstitucional, arbitraria y que podría originar conflictos aún más graves que los que pretende resolver. Pero nadie le creería. |