Un nuevo clima para la diplomacia
Magda Lorena Cárdenas
Profesora Universidad del Rosario
Amenazas de guerra y consensos fallidos en los esfuerzos diplomáticos de las cumbres que cada vez se pierden más en la retórica suelen ser los temas recurrentes en la agenda mediática relacionada con la política exterior colombiana. Sin embargo, más allá de la crisis del vecindario y los lugares comunes de percepción de amenaza en los que se quiere alcanzar la cohesión nacional; es preciso hacer una pausa y dar a conocer a la opinión pública que los retos de la diplomacia van mucho más allá del conflicto y la polarización regional.
Hechos de gran trascendencia política y diplomática se desarrollan en estos días y reflejan la pertinencia de la agenda de política exterior colombiana y sus diversos canales de interlocución. El primer hecho que vale la pena destacar lo constituye el Memorándum de Entendimiento para el Establecimiento de un Mecanismo de Consultas Bilaterales entre nuestro país y la Comisión de la Unión Europea con el ánimo de potenciar los instrumentos de diálogo político y de cooperación que ya han alcanzado logros importantes en el ámbito de los derechos humanos, por ejemplo.
Otro hecho de vital importancia lo constituye la Cumbre de Copenhague sobre cambio climático a la cual se dará inicio el próximo 7 de diciembre. Más allá de un formalismo diplomático, se trata de una oportunidad sin precedentes para Colombia en su objetivo de dar a conocer a la Comunidad Internacional que existe una agenda de política exterior propositiva y pertinente, capaz de dar respuesta a los grandes desafíos globales.
El tema ambiental no puede ser accesorio, por el contrario debe pasar a ser una línea estratégica en la agenda de política exterior colombiana y una plataforma para desplegar las potencialidades geográficas de Colombia para incrementar su poder de negociación en los foros multilaterales.
Por mucho tiempo se ha mirado con escepticismo el ejercicio conocido como “soft policy”. Sin embargo, es hora de entender que en el actual contexto internacional existe un amplio concepto de poder y los temas de su agenda están interrelacionados. Muchos de los Estados que hoy se perfilan como potencias han reconocido este hecho y han convertido los temas ambientales y la seguridad humana en instrumentos de “hard policy”. Reconocer el impacto de estos temas y enriquecer la percepción que la opinión pública tiene de la política exterior es otro de los grandes desafíos en los que debe trabajarse sin demora.